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Marcas y tendencias

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Durante décadas, el fútbol fue el territorio por excelencia de la masculinidad tradicional. Hoy, los jugadores protagonizan campañas de Louis Vuitton, asisten a desfiles de moda, colaboran con firmas de lujo y entienden que la imagen personal es tan estratégica como el rendimiento deportivo. ¿Qué cambió?

Hace apenas veinte años era impensado que un futbolista hablara de sastrería, de joyería o de la historia detrás de un bolso de lujo. La moda pertenecía a otro universo: el de los diseñadores, los modelos, las celebridades de Hollywood o las estrellas del pop. Hoy esa frontera prácticamente desapareció. Las grandes casas de moda comprendieron que el fútbol ya no vende únicamente deporte. Vende influencia, aspiración y cultura. Los jugadores dejaron de ser solamente atletas para transformarse en referentes estéticos capaces de marcar tendencias a millones de personas.

La escena ya es habitual. Un futbolista baja del avión vestido con un conjunto firmado por una maison francesa mientras sostiene un baúl Monogram de Louis Vuitton. Otro aparece en la primera fila de un desfile de Prada o Dior. Las fotografías del «player arrival» generan tantas interacciones como un gol decisivo.

La pasarela comenzó mucho antes de entrar al estadio. Cuando Louis Vuitton entendió que el fútbol era aspiracional

Pocas marcas interpretaron este cambio tan rápido como Louis Vuitton. La firma francesa lleva años desarrollando una estrategia que une deporte y exclusividad. Diseña los baúles donde viajan algunos de los trofeos deportivos más importantes del mundo, como la Copa Mundial de la FIFA, y convierte cada entrega en una campaña de comunicación global.

Pero el siguiente paso fue todavía más inteligente. En lugar de limitarse a vestir a deportistas para una sesión fotográfica, comenzó a incorporarlos a su universo creativo. Jugadores como Jude Bellingham, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo protagonizaron campañas que trascendieron el deporte. Ya no eran futbolistas promocionando productos: eran embajadores del lujo contemporáneo.

Jude Bellingham Campaña Louis Vuitton

El famoso tablero de ajedrez entre Lionel Messi y CristianoRonaldo fotografiado por Annie Leibovitz para Louis Vuitton fue probablemente una de las campañas más comentadas de la última década porque sintetizaba dos mundos aparentemente opuestos: la alta moda y la competencia deportiva.

Messi y Cristiano en campaña de Louis Vuitton

Desde entonces, regalar un bolso, invitar a un desfile o vestir a una estrella del fútbol dejó de ser una acción de relaciones públicas para convertirse en una inversión de branding.

El nuevo uniforme empieza fuera de la cancha

Existe un momento que antes no tenía ninguna importancia: la llegada al estadio. Hoy, sin embargo, es uno de los contenidos más consumidos en redes sociales. Las cámaras ya no buscan únicamente quien será titular. La entrada al estadio funciona como una auténtica alfombra roja. Lo mismo ocurre cuando los jugadores aterrizan para disputar un Mundial o una Eurocopa. Las imágenes recorren el planeta antes incluso de que comience el partido.

Lamine Yamal llegando al estadio con look Chanel. @LamineYamal

Las marcas entendieron que ese recorrido genera millones de impresiones gratuitas, principalmente en redes sociales.

Cuando el cuidado dejó de ser un tabú

Quizá el cambio más profundo no sea comercial sino cultural. La preocupación por la ropa, el cuidado de la piel, los accesorios o el interés por la moda podían interpretarse como signos de frivolidad o incluso ponerse en duda desde prejuicios sobre la masculinidad. Hoy esa lógica perdió fuerza.

Las nuevas generaciones crecieron consumiendo redes sociales donde la imagen forma parte de la identidad personal. Para un futbolista de 22 años, elegir un buen look resulta tan natural como entrenar o seguir una dieta. El cuidado estético dejó de entenderse como un territorio sólo femenino para convertirse en una extensión del profesionalismo. Verse bien también comunica disciplina, éxito y ambición.

Si existe un ejemplo de jugador que cambió definitivamente esta conversación fue David Beckham. Mucho antes de que las colaboraciones entre moda y deporte fueran habituales, Beckham entendió que podía construir una marca personal a partir de su imagen. Cambiaba de peinado constantemente, aparecía en campañas de moda, utilizaba joyería, experimentaba con la sastrería y colaboraba con grandes firmas cuando todavía muchos cuestionaban esas decisiones.

Entonces fue criticado por «demasiado fashion». Hoy esa estética es prácticamente el estándar. Lo que entonces parecía extravagante terminó siendo visionario.

David Beckham para Tudor, campaña «Born To Dare». Fotografía: David Sims

La generación que ya nació siendo marca

Jugadores como Jude Bellingham, Erling Haaland, Vinícius Jr. o Lamine Yamal crecieron en un ecosistema completamente distinto. No separan el deporte de la comunicación. Entienden que un look viral puede generar conversación global. Que una colaboración con una casa de lujo fortalece su posicionamiento. Que un estilista forma parte del equipo, igual que un preparador físico. La marca personal dejó de construirse únicamente con goles, ahora también se diseña con narrativas visuales.

El delantero noruego, Erling Haaland y su colección de Hermès

Entonces nos podemos preguntar: ¿moda o estrategia empresarial?

Desde la sociología del consumo, este fenómeno responde a un cambio más amplio. El lujo ya no vende solamente objetos, vende pertenencia. Comprar el mismo bolso o la misma chaqueta que lleva un futbolista permite al consumidor sentirse parte de un estilo de vida aspiracional.

Pierre Bourdieu sostenía que el gusto funciona como un mecanismo de diferenciación social. Hoy las maisons hacen colaboraciones con futbolistas, precisamente porque encarnan una nueva forma de prestigio: son cercanos, globales y admirados por públicos que antes estaban alejados de la alta moda.

-El gol ya no termina en el estadio…

 

No recuerdo exactamente cuánto costaba mi abrigo preferido. Ni siquiera de qué colección era. Con el tiempo, esos detalles perdieron importancia. Lo que sí permanece intacto en mi memoria es la sensación que me recorría cada vez que me lo ponía. Me sentía más segura, más elegante, más yo.

Es curioso cómo la memoria deja escapar los números, las etiquetas y las tendencias, pero se aferra con fuerza a las emociones. Y creo que a todos nos pasó alguna vez: tener una prenda que, más allá de la tela o el diseño, nos hacía caminar diferente, enfrentar el día con otra actitud o reconocernos frente al espejo de una manera especial. Ahí entendí que nunca se trató solo de un abrigo. Se trataba de lo que despertaba en mí.

Probablemente todos tengamos una prenda así. Una que permanece en nuestra memoria mucho después de que se desgastó, pasó de moda o terminó olvidada en algún armario. No porque fuera la más cara o la más exclusiva, sino porque representaba algo. Una etapa de nuestra vida. Un sueño. Una versión de nosotros mismos.

Y ahí está la clave para entender uno de los fenómenos más fascinantes de la moda contemporánea: las personas rara vez compran únicamente ropa. Compran emociones.

En un mercado donde cada tendencia puede copiarse en cuestión de semanas y donde millones de imágenes desfilan diariamente frente a nuestros ojos en redes sociales, las marcas descubrieron algo inesperado: el verdadero lujo ya no es la exclusividad del producto, sino la capacidad de generar una conexión emocional.

La moda como relato

Mucho antes de que existieran las marcas, los seres humanos ya utilizaban historias para comprender quiénes eran.

Las primeras civilizaciones construyeron mitologías para explicar el mundo. Las religiones organizaron comunidades enteras alrededor de relatos compartidos. Las naciones se formaron a partir de narrativas comunes sobre origen, identidad y destino.

El sociólogo y filósofo francés Jean Baudrillard sostenía que en las sociedades contemporáneas consumimos símbolos tanto como objetos. No compramos solamente cosas; compramos aquello que representan.

Cuando una persona compra una chaqueta, puede estar adquiriendo mucho más que una prenda. Quizás esté comprando la idea de aventura, de rebeldía, de sostenibilidad o de pertenecer a una comunidad específica.

Las emociones generan conexión. Y la conexión genera ventas.

Los estudios de marketing demuestran que las personas recuerdan mucho más una historia que una lista de características técnicas. Por eso las marcas que logran emocionar suelen construir relaciones más duraderas con sus consumidores.

Jacquemus y el poder del storytelling

Si existe un diseñador que entendió el poder del storytelling en la moda contemporánea, ese es Simon Porte Jacquemus. Su éxito no se explica únicamente por sus diseños minimalistas, sus accesorios virales o sus desfiles espectaculares. Se explica, sobre todo, por su capacidad para transformar su propia vida en una narrativa capaz de emocionar a millones de personas alrededor del mundo.

A diferencia de muchas casas de moda que construyen relatos alrededor del lujo, la exclusividad o el glamour, Jacquemus construyó su universo creativo a partir de algo mucho más íntimo: los recuerdos.

Nacido en el sur de Francia, en la región de Provenza, Simon creció rodeado de campos de trigo, lavanda, sol mediterráneo y paisajes rurales que años más tarde se convertirían en la esencia visual de su marca. Cuando observamos sus campañas o vemos uno de sus desfiles, en realidad estamos observando fragmentos de su memoria.

Sus colecciones no buscan únicamente mostrar ropa; buscan reconstruir emociones.
La influencia de su madre ocupa un lugar central en esta historia. Valérie, fallecida cuando Simon era muy joven, fue una figura determinante en su vida y en la construcción de su identidad creativa. De hecho, el nombre «Jacquemus» proviene del apellido de soltera de su madre, una decisión que ya revela algo fundamental sobre la marca: nació como un homenaje personal antes que como una estrategia comercial.

Miu Miu y la construcción de una protagonista

Mientras la mayoría de las marcas construyen su identidad alrededor de tendencias, productos o estilos de vida, Miu Miu desarrolló una estrategia más sofisticada: creó la imagen de una mujer contemporánea, una feminidad que desafía las convenciones. 

Y esa decisión cambió por completo la forma en que las personas se relacionan con la marca.

Cuando observamos sus campañas, rara vez sentimos que estamos frente a un catálogo de ropa. La sensación es otra. Parece el fragmento de una película, una escena de una novela o la fotografía de una joven intelectual capturada en medio de una historia que ya había comenzado antes de que nosotros llegáramos.

Esa es la magia de su storytelling…Miu Miu no le pregunta al público qué quiere vestir, le muestra quién podría llegar a ser. las personas no siempre desean parecerse a una celebridad. Muchas veces desean convertirse en la protagonista de su propia historia.

Por eso la marca invierte tanto en la narrativa cultural. Sus campañas suelen estar inspiradas en el cine, la literatura, el arte contemporáneo y los universos intelectuales. Incluso proyectos como los cortometrajes de Women’s Tales refuerzan esa idea de que Miu Miu no es únicamente una firma de moda, sino una plataforma donde se exploran distintas formas de ser mujer.

La generación Z ya no compra publicidad

Las nuevas generaciones crecieron rodeadas de anuncios. Detectan rápidamente cuándo una marca intenta venderles algo de manera artificial. Por eso buscan autenticidad.

Las firmas emergentes que más crecen suelen mostrar quién está detrás de cada producto, cómo se fabrica, cuál es su inspiración y qué valores representan.

Las redes sociales potenciaron este fenómeno. TikTok, Instagram y YouTube permiten que diseñadores y emprendedores narren el detrás de escena de sus proyectos en tiempo real. El proceso creativo se volvió tan atractivo como el resultado final.

La próxima gran batalla de la industria no será únicamente por el diseño, sino por la capacidad de construir relatos memorables.

Las prendas pueden copiarse. Las tendencias pueden replicarse. Incluso los precios pueden igualarse. Lo que resulta mucho más difícil de imitar es una historia genuina capaz de despertar emociones. En la moda contemporánea, las personas no siempre compran aquello que necesitan, compran aquello que las representa. Y detrás de cada marca exitosa hay algo más poderoso que una colección perfecta: una historia que el consumidor desea convertir en parte de su propia identidad.

El futuro pertenece a quiénes sepan emocionar

El evento de celebración CXC entre aamigos de la casa y creadoras de contenido. Foto: Cortesía.

La firma española presentó su nueva colección junto a la chef Belén Feres en una experiencia que convirtió el lanzamiento en una conversación sobre creatividad, artesanía y cocina con mucha menta.

Hablar de CXC es hablar de Concha Díaz del Río, una de las grandes referentes de la joyería española contemporánea. Diseñadora y emprendedora con más de cuatro décadas de trayectoria, ha sido la mente creativa detrás de reconocidos proyectos de joyería. En 2017 fundó CXC, una firma que ha sabido consolidar un lenguaje propio basado en la combinación de metal y cuero, la artesanía española y una visión del lujo alejada de las tendencias efímeras. Joyas equilibran carácter industrial y sensibilidad artesanal, pensadas para mujeres que no buscan impresionar, sino ser fiel a sí mismas.

Concha Díaz del Río en su estudio. Foto: Cortesía

Con ese mismo espíritu, CXC presentó su nueva colección Primavera-Verano 2026, MENTA, en un encuentro que fue mucho más que un lanzamiento de producto. La firma reunió en Taller 14, a prensa, creadoras de contenido y amigas de la marca en una experiencia inmersiva junto a la chef Belén Feres, donde la creatividad gastronómica y la joyería compartieron protagonismo a través de un elemento común: la menta, ingrediente inspirador de la colección y eje conductor de la velada.

La chef, especializada en cocina de raíces libanesas, diseñó una propuesta culinaria en la que la menta estuvo presente en distintas elaboraciones, trasladando al universo gastronómico la frescura, la autenticidad y el carácter orgánico que definen la nueva colección. Entre conversaciones sobre diseño, artesanía y procesos creativos, los asistentes como Mayte de la Iglesia, la artista Sonia Morales, Inmaculada Pérez entre otras, pudieron descubrir las piezas mientras exploraban nuevas formas de interpretar un mismo concepto.

La chef Belén Feres en la experiencia de presentación «Menta». Foto: Cortesía

Todo sobre la colección Menta: Primavera-Verano 2026

MENTA nace de la búsqueda de lo esencial y encapsula la identidad de CXC: la unión entre la fuerza del metal y la calidez orgánica del cuero. Bajo la dirección creativa de Concha Díaz del Río, la colección surge como un ejercicio de depuración estética en el que se eliminan los elementos superfluos para llegar a la esencia de cada forma y cada material.

La colección se articula a través de diferentes líneas que exploran el ADN de la marca desde perspectivas complementarias.

DOME rinde homenaje al oficio artesano inspirándose en la chincheta de tapicería, ese pequeño elemento que une la piel a la estructura. Elevada a escala y transformada en una cúpula metálica, su diseño pone en valor la belleza de los detalles que sostienen el trabajo manual.

FLECHA introduce una energía más dinámica y decidida. Su estructura segmentada no dibuja una línea continua, sino un recorrido que simboliza la búsqueda de lo auténtico y la mirada puesta en el futuro.

Esa dirección encuentra su anclaje en MÉRIDA, donde el cuero, uno de los materiales más emblemáticos de la firma, aparece en su versión más pura y contundente, abrazando el metal para reivindicar la tradición artesanal que define a CXC.

La naturaleza cobra protagonismo en ESTAMBRE, una línea inspirada en la semilla y el despertar de la vida. Pequeños elementos orgánicos se multiplican hasta crear texturas que parecen brotar de la piel, aportando movimiento y ligereza a las piezas.

Por último, HALTERA explora el equilibrio entre fuerzas opuestas a través de un lenguaje de inspiración industrial. Un eje conecta extremos y genera una tensión armónica entre solidez y movimiento, convirtiéndose en una de las propuestas más escultóricas de la colección.

El resultado es una colección que funciona como una composición estival donde metal y cuero dialogan con naturalidad para dar forma a piezas auténticas, versátiles y llenas de carácter.

La presentación junto a Belén Feres reforzó precisamente esa filosofía: la de encontrar inspiración en los elementos más sencillos y transformarlos, mediante el oficio y la creatividad, en experiencias memorables.

 

La nueva edición de MOMAD llega este mes de julio con más de un centenar de marcas confirmadas, en una apuesta por una selección de calidad y el valor de producto.

Conocida más ampliamente como la Feria Internacional de Moda, Calzado y Accesorios, organizada por IFEMA MADRID, reunirá del 23 al 25 de julio una representación de firmas con identidad propia que abarcan los segmentos casual, contemporáneo, calzado, invitada, baño y resort.

Como aspecto importante Momad se centra en firmas que tengan potencial para incorporarlos a un mercado que prioriza calidad, coherencia y capacidad comercial.

Además, de la presencia Made in Spain en la feria, la dimensión internacional también acompañará en esta convocatoria estival. Firmas procedentes de más de una decena de países, entre los que se encuentran ItaliaFranciaPortugalAlemaniaReino UnidoTurquía o Grecia, aportarán la visión diversa del sector y el carácter global de esa cita.

Durante tres días Madrid será punto de encuentro internacional del Programa de Compradores dirigido a perfiles estratégicos de mercados claves de EuropaLatinoamérica y Asia, que convertirá a Madrid para identificar tendenciasanalizar propuestas y generar nuevas oportunidades de negocio.

Firmas con posicionamiento y proyección comercial

La moda contemporánea concentrará una parte relevante de la oferta, con firmas como VilagalloEMMEColour NudeAlba CondeMontotoPisoneroNo Secrets o Elisa Cortés. En este sentido, presentarán propuestas que trabajan el diseño desde la coherencia de colección y una orientación al canal multimarca, con especial atención al producto y a la construcción de marca.

El área casual incorporará las propuestas de SurkanaMeisïeOrfeoTartarugaNekaneMía o Jaase, configurando un segmento que amplía la oferta de la Feria y que conecta con una parte relevante del retail. Estas firmas, con recorrido dentro del circuito comercial, aportarán dinamismo al conjunto expositivo y completan una de las categorías con mayor presencia dentro de la feria.

Uno de los fuertes de esta feria, es el calzado, que tendrá presencia con marcas como VictoriaStar LoveRia Menorca o ECCO. A este bloque se suma la moda de invitada y ocasión especial, con firmas reconocidas como Sonia PeñaCarla RuizMouriñoSeda y Color o Máscara, que mantienen su espacio y aportan una oferta especializada orientada a eventos y ceremonia.

La propuesta se completará también con colecciones de baño y resortwear, en las que participan AFSCanarias Islas de ModaGran Canaria Swim WeekPiti CuitiMele Beach o Twins Fantasy.

De esta manera MOMAD mostrará las tendencias y diversas propuestas para el público profesional para descubrir nuevas marcas, conocer el producto y anticipar lo que llegará al mercado en próximas temporadas.

Madrid mira esta semana hacia Bogotá. Siete diseñadores colombianos aterrizan en la capital de la mano de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) con algo más que nuevas colecciones: una visión de la moda donde la artesanía dialoga con la innovación, la sostenibilidad deja de ser discurso para convertirse en práctica y el oficio se reivindica como valor. Hoy han sido los encuentros y las primeras impresiones; mañana, la pasarela.

Todo forma parte de PUENTE Internacional: Madrid, una plataforma que durante los días 19 y 20 de mayo convierte algunos de los espacios más emblemáticos de la ciudad en punto de encuentro para el diseño bogotano. Showrooms efímeros, reuniones comerciales y presentaciones a medios articulan una programación concebida para situar estas propuestas en el radar internacional.

Diseñadores en presentación a la prensa. Fotos: SIMA41

Segunda vez, una apuesta más afinada

No es la primera vez que Bogotá debuta en Madrid. El año pasado, la Cámara de Comercio de Bogotá eligió la capital española como puerta de entrada al mercado europeo; hoy, aquella primera incursión encuentra continuidad y confirma una intención clara: construir presencia, no solo generar impacto puntual.

En esta edición, la apuesta llega más afinada. Son siete los diseñadores seleccionados, cinco de confección y textil, dos de calzado, respaldados por un proceso previo de mentoría y curaduría impulsado por la CCB para preparar su aterrizaje en un mercado tan competitivo como el madrileño. “Lo que se ha hecho este año es un poco más medido frente a lo que se hizo el año anterior”, explicaba hoy Ovidio Claros Polanco, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Bogotá, durante el encuentro con medios, en la Fundación Pons de Madrid.

Ovidio Claros Polanco, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Bogotá

Claros Polanco habló con la serenidad de quien ya conoce el terreno, aunque también con el entusiasmo de quien entiende que todavía hay espacio para crecer. Mañana llegará el desfile; el momento en que, definitivamente, se revelarán las colecciones. “Estos talentos tienen mucho que mostrar”, aseguró.

Madrid, ¿por qué Madrid?

La pregunta tiene una respuesta contundente. «Madrid es la puerta de entrada de Europa», dijo el directivo, sin dudarlo. España no es solo un mercado más para Colombia: es el segundo inversor en el país después de Estados Unidos, un aliado histórico con nexos comerciales sólidos.

A eso se suma la alianza con la edición de la Semana Internacional de la Moda en Andalucía – SIMA 41 , que este año celebra su 25ª edición y bajo cuyo paraguas se desarrolla parte de esta iniciativa. «La mirada no solo de un lado, sino de varios lados», apunta. Una red que se teje con paciencia y que empieza a dar frutos.

La hoja de ruta internacional de la Cámara tampoco se detiene aquí: Nueva York ya forma parte del recorrido, y Dubái es el próximo destino.

Bogotá: marca país, puntada a puntada

La Cámara de Comercio de Bogotá mantiene un compromiso que no se limita al acompañamiento: impulsa y transforma. “De lo informal a lo formal, de lo local a lo global”, señaló Claros Polanco durante el encuentro con medios, sobre una industria que concentra cerca de 35.000 empresas y 120.000 empleos en Bogotá.

Los diseñadores bogotanos que hay que conocer

El corazón que late en Bogotá está en sus piezas. En los tejidos, en los cortes, en las historias que habitan detrás de cada colección. Estos son los nombres que desfilarán en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Mónica Fonnegra

Mónica Fonnegra trabaja codo a codo con comunidades indígenas, integrando técnicas ancestrales en piezas profundamente contemporáneas. Con 16 años de trayectoria, pisa por primera vez la capital y lo hace con una muestra impactante, no solo por su carácter creativo, sino también por su componente innovador. “Hago lujo sustentable, obras de arte para vestir”, explica la diseñadora, cuya propuesta fusiona alta moda, reciclaje y fibras naturales. Más de diez años de investigación en nanotecnología respaldan su trabajo, logrando tejidos de mayor calidad, impermeables y resistentes a los olores.

Cardiaca, la firma de Carolina Díaz Cadena, explora la frontera entre moda y arte desde un lenguaje experimental e independiente. La colección, inspirada en los diez años de la marca, se despliega en una paleta de azules, negros, rojos y dorados, este último hace referencia a su internacionalización.

Cueros Unipiel convierte el cuero en el gran protagonista de prendas con personalidad. Al frente está Diana Ruiz, quien acumula más de treinta años de experiencia en peletería y que hace una década decidió dar el salto a la creación de moda. Su nueva colección toma inspiración de la dualidad entre lo urbano y la naturaleza de Bogotá, con cortes asimétricos, flecos y un aire contemporáneo que resignifica piezas clásicas.

PLUR apuesta por una sastrería responsable, donde la sostenibilidad atraviesa tanto el proceso como el resultado. Liderada por Liliana Bohórquez, la marca presenta una colección inspirada en elementos de la cultura indígena, como la chicha, y en los rituales vinculados al maíz. La diseñadora define su propuesta como una sastrería de volúmenes, elaborada en materiales naturales y desde una mirada de alta moda de autor.

Por su parte, SAÁG, firma de Santiago Herrera Cortés, presenta una propuesta de siluetas deconstruidas y espíritu arquitectónico. “Somos una marca que está en su momento más editorial”, explica el diseñador, quien toma como punto de partida algunos de los códigos distintivos de la firma, como los broches blancos y el uso de tejidos 100 % algodón. La colección encuentra inspiración en su historia personal con la ciudad, traducida en una mirada contemporánea

En calzado, Dunia Shoes fusiona artesanía e innovación en cada par. Este negocio familiar, liderado por Argemiro Castrillón, cruzas fronteras para mostrar un calzado cómodo y sostenible, elaborado artesanalmente con piel y remanentes de denim, dando forma incluso a piezas personalizadas.

Por su parte, Revolución Urbana hace exactamente lo que promete su nombre: transformar residuos urbanos en zapatos y colaborar con artesanos de la tercera edad para evitar que las técnicas tradicionales desaparezcan. Su creadora, la diseñadora de calzado María Camila Mossos, resume la filosofía de la marca en un lema: “De la calle a la calle”. Neumáticos recuperados del espacio público se convierten en zapatos y botines que regresan al asfalto con toda la resistencia de sus materiales.

Sostenibilidad, oficio e identidad articulan la presencia internacional de la moda bogotana.

Fotos: SIMA41

Evento 10º aniversario de miMao

Una fiesta primaveral, nuevas colecciones y la promesa de seguir conquistando Europa. 

Hay marcas que nacen con una promesa y la cumplen. miMaO lo hizo en 2016 con una idea aparentemente sencilla: crear el zapato más cómodo del mundo sin sacrificar el diseño. Diez años después, la firma española no solo ha cumplido su palabra, sino que ha construido alrededor de ella una comunidad, una facturación superior a los diez millones de euros y una presencia que se extiende hasta ocho países europeos.

Aaron Vilas Zaro, cofundador de miMaO y Maribel Nicolás Romera, diseñadora de la firma

La primavera fue el escenario elegido, para celebrar con el estilo que la caracteriza, el pasado miércoles. En un encuentro que reunió a rostros del mundo televisivo y social como Cristina Tarrega, Ana Terradillos, Verónica Dulanto, Beatriz Cortazar y Andrea Levy, quienes acompañaron a la marca en este momento especial.

También estuvieron presentes la influencer de moda Clara Courel, comunicadores, voces de la radio y creadores de contenido, convirtiendo el evento en un auténtico momento clave para el universo lifestyle y de la moda en España.

Clara Courel, personalidad e influencer de moda

“Hoy es un día para celebrar la nueva colección de miMaO y que después de diez años mantengamos los valores con los que iniciamos este sueño, comodidad, color y nuestro sello Made in Spain”, señaló Aaron Vilas Zaro, cofundador de la firma.

Por su parte, la diseñadora de la firma Maribel Nicolás Romera, diseñadora de la firma añadió que la nueva colección fusiona las últimas tendencias con tecnología de confort, logrando «una propuesta de la que es imposible no enamorarse de más de un modelo».

Diseño y tecnología la formula ganadora de miMaO

Durante el encuentro, los asistentes pudieron descubrir una propuesta estival cargada de color y versatilidad. Espartos, sandalias, zapatos planos y deportivas de última tendencia componen una colección pensada para acompañar cada momento, del más cotidiano al más especial, demostrando que el confort es la propuesta más estilosa de la temporada. El ADN de miMaO es técnico tanto como estético. Cada zapato se construye sobre una plantilla de absorber foam y la gota de confort gel, dos sistemas desarrollados por la marca

Cristina Tárrega en celebración 10º aniversario de miMao

Impulsando la artesanía del calzado “Made in Spain”

Detrás de cada par hay más de 150 manos artesanas en Elche, capital mundial del calzado. miMaO no subcontrata su producción al otro lado del mundo: trabaja con los mismos talleres desde sus inicios, y ya son dos generaciones de artesanos que forman parte de la historia de la marca. Este compromiso con el Made in Spain no solo garantiza la calidad de cada pieza, sino que también contribuye a la recuperación de oficios tradicionales, y a sostener una industria que forma parte de la identidad española.

La década de expansión y de celebración

Con presencia en el mercado nacional e internacional y hoy en día se encuentra presente a través de su canal online y puntos de venta en países como España, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Reino Unido, Países Bajos, Alemania y Portugal, miMaO celebra su segunda década con mayor expansión internacional. El décimo aniversario no es un punto de llegada, sino el mejor trampolín para seguir creciendo. Como demuestra que la primavera, la estación del renacimiento, haya sido su marco favorito para celebrarlo.

 

La marca italiana Furla, estrena su nueva campaña Primavera-Verano 2026, Last Summer in Ostuni, con una narrativa cinematográfica que captura la esencia de un verano decisivo en el sur de Italia.
La historia sigue a Lia y Bianca, dos amigas que regresan a Ostuni para reconciliar sus sueños personales con las expectativas externas, en un relato sobre amistad, empoderamiento y libertad para elegir el propio camino.

Los bolsos de la colección acompañan a las protagonistas en cada momento del día.  Con este marco nos adentramos al estilo más veraniego con estilo: El Moonstone, un saddle bag mediano con líneas geométricas, correas asimétricas y esferas colgantes, aporta elegancia urbana y movimiento; el Iride Mini Hobo celebra el color y la alegría con herrajes escultóricos; y el Amelia Bucket, nueva incorporación a la familia bucket de Furla, combina versatilidad y sofisticación con cierre dorado, disponible en piel, lienzo o combinaciones.

Con Last Summer in Ostuni, Furla combina moda y storytelling, mostrando cómo los accesorios pueden acompañar cada momento del día a día. La campaña resalta no solo los bolsos, sino también la fuerza de la amistad y la autenticidad en cada elección, todo enmarcado en el vibrante escenario mediterráneo que inspira la colección.

Cortesía: Vía Comunicación

En una cultura que glorifica la productividad permanente, detenerse dejó de ser una pausa y se convirtió en una postura. El ritual cotidiano, preparar café sin apuro, aplicar una rutina nocturna de skincare, escribir antes de dormir, tomar un baño largo,  ya no es un hábito superficial. Es una respuesta cultural a un sistema que no se detiene.

La hiperconectividad no es una percepción subjetiva. El Digital 2025 Global Overview Report indica que las personas pasan en promedio más de 6 horas y 30 minutos al día frente a pantallas, lo que equivale a casi 100 días al año conectados. No se trata solo de consumo de contenido; se trata de exposición constante a estímulos, comparaciones, urgencias y demandas.

A esta saturación se suma el desgaste emocional. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron de forma significativa en los últimos años, especialmente entre poblaciones jóvenes, vinculados a estrés crónico y sobrecarga digital. ​

Bajo este escenario, el ritual no es un lujo. Es una microestructura de estabilidad.

La psicología del comportamiento explica que, frente a entornos impredecibles, las personas buscan microestructuras que devuelvan sensación de control. Un ritual repetido diariamente organiza el tiempo, reduce incertidumbre y crea límites simbólicos. Lo que parece trivial —un journaling nocturno o una rutina de cuidado facial— es en realidad una arquitectura emocional.

Lo que vemos hoy es una resignificación contemporánea de esa lógica. Frente a la cultura del “always on”, el ritual se convierte en un límite autoimpuesto. No es evasión, es decisión. No es escapismo, es autonomía.

 

El wellness actual no gira solo en torno a salud física; gira en torno a gestión emocional. Según análisis académicos sobre cultura de consumo, el bienestar se ha convertido en uno de los sistemas simbólicos más sofisticados del mercado: no vende objetos, vende estructuras de sentido. No vende cremas o velas; vende momentos delimitados dentro del caos.

Lo que estamos observando no es una moda de spa, es una reorganización cultural del tiempo”, explica Luis Alejandro Morales Ortiz, Director Ejecutivo en another. Las marcas que entienden eso no hablan de beneficios funcionales, hablan de cómo su producto se integra en un ritual que sostiene emocionalmente”.

Qué significa esto para las marcas

Los rituales no son solo tendencias bonitas: son momentos que organizan y dan sentido a nuestra vida diaria. Las marcas que conectan hoy no buscan impresionar, sino acompañar.

  1. Repetición, no impacto: El verdadero valor está en formar parte de tu rutina diaria o semanal. La pregunta ya no es “¿cómo llamamos la atención?”, sino “¿cómo acompañamos tu hábito?”.
  2. Ritmo, no rendimiento: Vivimos en un mundo que nos pide hacer más, siempre. Las marcas que conectan validan la pausa y el autocuidado sin culpa. No se trata de ser más productivo, sino de sentir que tu momento de cuidado es importante.
  3. Ecosistemas, no piezas aisladas: Un ritual funciona cuando todo encaja: el producto, el empaque, el mensaje y la experiencia. No basta con una campaña “wellness”; se necesita una arquitectura coherente que sostenga esa promesa.
  4. Autenticidad, no estética: El autocuidado tiene raíces históricas profundas. Convertirlo en solo apariencia puede parecer oportunista. La legitimidad se gana demostrando coherencia interna, sostenibilidad y responsabilidad.

Finalmente, el nuevo valor radica en no solo de vender productos como café, velas o cremas. Se trata de ofrecer marcos simbólicos que ayudan a organizar la vida, generar momentos de pausa y dar sentido en medio del ruido diario.