👤 Autor: Valeria Fernández

Nueva York no solo muestra moda: construyó, durante décadas, una plataforma capaz de convertir diseñadores en nombres visibles para una industria global. Su historia explica por qué desfilar allí puede significar mucho más que presentar una colección.

Hay ciudades que parecen haber nacido para la moda. París tiene la alta costura, las grandes maisons y una tradición de excelencia y trabajo artesanal. Milán construyó una identidad alrededor del diseño, la industria y el lujo italiano. Nueva York, en cambio, hizo algo diferente: convirtió la moda en una plataforma de proyección. 

Por eso, llegar a New York Fashion Week no significa necesariamente haber alcanzado una cima. Significa entrar en un escenario donde una colección puede ser vista por periodistas, compradores, estilistas, celebridades, fotógrafos y profesionales de una industria que funciona cada vez más de manera global.

Y esa idea está presente desde el origen.

Una semana creada para ubicarse en la mira de atención

Press Week 1943. Foto cortesía. Kena Mujeres en Acción

En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, la publicista Eleanor Lambert creó la New York Press Week, antecedente de lo que hoy conocemos como New York Fashion Week. Con París limitada por el contexto bélico, la iniciativa permitió que la prensa conociera el trabajo de los diseñadores estadounidenses sin tener que viajar a Europa.

Lambert entendió algo que continúa siendo fundamental en la moda: la visibilidad también construye valor.

Años más tarde, en 1962, fundaría el Council of Fashion Designers of America (CFDA), organización que tendría un papel central en la promoción y profesionalización de la moda estadounidense. El propio CFDA reconoce a Lambert como una figura decisiva para colocar a la moda estadounidense en el mapa internacional.

La historia resulta especialmente interesante porque Lambert era, ante todo, una especialista en comunicación y relaciones públicas. Su herramienta no era diseñar una prenda, sino conseguir que alguien importante quisiera verla.

La moda y la comunicación comenzaban a convertirse en dos caras de una misma industria.

De Nueva York al mundo

Con el paso de las décadas, Nueva York desarrolló una identidad propia. Diseñadores como Halston, Calvin Klein, Ralph Lauren, Donna Karan, Bill Blass, Oscar de la Renta y tantos otros ayudaron a construir una estética estadounidense reconocible.

Pero también transformaron el significado de una colección.

La pasarela dejó de ser únicamente el lugar donde se mostraba ropa. Se convirtió en una experiencia capaz de generar fotografías, titulares, conversaciones, colaboraciones y oportunidades comerciales.

El traslado de los desfiles a Bryant Park durante los años noventa consolidó además una imagen que quedó grabada en la cultura popular: las carpas, los fotógrafos, las celebridades y esa sensación de que durante unos días toda la ciudad podía convertirse en escenario. Nueva York entendió antes que muchas otras ciudades que un desfile también podía ser un acontecimiento mediático.

No hace falta haber nacido en Nueva York

Quizás uno de los aspectos más interesantes de NYFW sea que su identidad internacional no depende de que todos sus protagonistas sean estadounidenses.

En el calendario oficial aparecen diseñadores nacidos o formados en diferentes partes del mundo. Entre ellos, Prabal Gurung, nació en Singapur y creció en Nepal. Carolina Herrera nació en Venezuela. Y en los calendarios recientes también incluyen nombres como Campillo, de México, y Sabyasachi Mukherjee, de India.

Nueva York funciona también como una puerta de entrada. Un diseñador puede tener su origen creativo en otro país y, sin embargo, elegir la ciudad como plataforma para presentar su trabajo ante una audiencia internacional.

El calendario oficial de febrero de 2026 incluyó más de 60 desfiles y presentaciones y reunió nombres como Carolina Herrera, Prabal Gurung, Campillo, Bibhu Mohapatra y Raúl Peñaranda, entre muchos otros.

 

En septiembre, la programación volvió a mostrar esa diversidad: entre las nuevas incorporaciones aparecieron Sabyasachi, Magda Butrym, Conner Ives y otros diseñadores, mientras que nombres consolidados como Carolina Herrera, Ralph Lauren, Michael Kors, Tory Burch y Thom Browne continuaron formando parte del circuito.

París, Milán, Londres y Nueva York no representan exactamente lo mismo. Cada una desarrolló una relación particular con la moda y con la industria que la rodea.

Pero Nueva York construyó algo especialmente poderoso: la idea de que una ciudad puede funcionar como plataforma para proyectar una identidad creativa hacia el mundo.

Por eso, detrás de cada nombre que aparece en el calendario de NYFW hay algo más que una colección.

Hay una historia de origen, una apuesta empresarial, una estrategia de comunicación y, muchas veces, el deseo de pasar de ser descubierto a ser recordado.

Desde Eleanor Lambert hasta los diseñadores que hoy llegan desde América Latina, Europa o Asia, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién está mirando?

Y quizás ese sea, todavía, uno de los mayores poderes de New York Fashion Week.

Autor

Lista Chic es un espacio de moda, estilo y tendencias creada por Geobana Guerrero.

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